martes, 1 de agosto de 2017

Escudos oferentes y la maternidad espiritual de sacerdotes

Los escudos oferentes y la maternidad espiritual




Queridos hermanos,

No es mi intención hablar de la maternidad espiritual, tal y como se comprende hoy en día pero quisiera hacer reflexionar a tantas personas que tienen un modelo establecido de madre espiritual que podríamos resumir brevemente en estos términos: maternidad no biológica de una mujer, preferentemente consagrada, que, fruto de su celo apostólico, oración y, tras pedir en oración espíritu de madre, entre otras gracias necesarias, engendra hijos espirituales a quienes acepta como hijos y por quienes ofrece, además de oración, sufrimientos, virginidad, etc.

Aunque la maternidad es la esencia de la feminidad, bien sabemos que, desgraciadamente, hay madres biológicas que no aman a sus hijos por lo tanto la maternidad espiritual puede ser mucho más importante que la maternidad biológica. Por otro lado hay muchos hombres que, aunque no han engendrado a sus hijos, no por ello dejan de amarlos tanto o más que sus madres dando muestra de tener entrañas maternas.

En este sentido nos podemos preguntar ¿qué es ser madre espiritual? Ser madre espiritual es acoger con entrañas maternas en nuestro corazón a otro ser ¿qué es ser padre espiritual? lo mismo.

La maternidad espiritual de sacerdotes también la podemos definir como la acogida, con espíritu de amor, en nuestro corazón a un prójimo -sacerdote- necesitado de soporte y alimento espiritual ¿Cómo? "No está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho" (Santa Teresa). Tampoco está la cosa en recitar muchas oraciones. Una madre alimenta a su hijo con algo más que comida, lo alimenta con buenas obras, sacrificios, ofrecimiento de sufrimientos unidos al sacrificio de Jesús... esto es amor y el amor lo nutre todo. Esto es intercesión.

Hay muchas personas que sufren de múltiples maneras y, por todos es conocido el valor redentor del sufrimiento en el sostenimiento de la Iglesia. Estas personas son, entre otras, aquellas que viven una gran discapacidad aunque ello no les impide ejercer su deseo de ser madres/padres espirituales ¡Qué triste es ver a tantas personas desechadas y consideradas inútiles para todo y vistas únicamente como personas que hay que atender porque no se pueden valer, en definitiva, un problema! Estas personas viven con una discapacidad pero esta discapacidad no está en su corazón, es más, suelen ser personas con una capacidad de amar inmensa pues viven en la presencia de Dios de quien reciben todo el amor que muchas personas les niegan.


Lamentablemente me encuentro con multitud de personas que consideran que estas personas no son capaces de orar y, por lo tanto de ejercer la maternidad espiritual y mucho menos de un sacerdote ¿Por qué? Las excusas son múltiples: porque no pueden recitar oraciones, porque no pueden pasar las cuentas del rosario, porque no pueden esto, porque no pueden aquello...no pueden, una y otra vez. Estas personas naturalmente sí pueden, como cualquier otra persona, como cualquier hijo de Dios, ser madres/padres espirituales de sacerdotes ¿Sólo pueden ofrecer su enfermedad y sus padecimientos? El que da todo lo que tiene, lo da todo, se da a sí mismo. Nos vendría bien recordar el Evangelio de la viuda de las dos moneditas "Alzando la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas. Dijo entonces: "De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que nadie. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobra; ésta en cambio ha echado de lo que necesita, de todo lo que tiene para vivir." (Lc 21, 1-4). Éstas personas dan todo lo que tienen, su enfermedad, y Dios valora mucho este ofrecimiento. Otras personas, sin embargo, no se ofrecen a rezar por otra persona porque tienen sus propios problemas, sus propios hijos, huyen del compromiso y no quieren comprometerse ¿qué tengo que rezar? ¿cuánto tengo que rezar? y no quieren colaborar...El amor no se mide, no se calcula, no se estudia el coste, se da libremente y sin esperar nada a cambio.

Las personas que cuidan y atienden a estas personas con discapacidad saben muy bien que tienen maravillosos sentimientos, es más, los tienen más puros y más limpios que muchas otras pues sienten a Dios muy cerca ya que Él está en las personas que sufren de manera especial. Son amigos de Dios y "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15, 13) y amando a un sacerdote lo aman a Él.

Entonces tan sólo necesitamos acoger a un sacerdote en nuestro corazón donde está Dios, nuestro Padre, y donde está Dios está la Santísima Virgen, nuestra Madre ¿puede haber un lugar mejor donde resguardar a nuestro hijo espiritual, con nuestro Padre y nuestra Madre del cielo? El corazón late y cada latido, unido al de Dios, es un arrullo en la cuna donde está nuestro hijo. 

Recordemos "A la tarde te examinarán en el amor" (San Juan de la Cruz)

Acojamos con amor a estos hermanos nuestros que sufren y necesitan en su corazón encontrar un sentido a su sufrimiento, sentirse utiles, reconocidos dignos y admitidos aceptando agradecidos su amor desinteresado para que podamos encontrarnos a la derecha del Rey y oir las palabras "Venid, benditos de mi Padre recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo" (Mt 25, 34)
 




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