lunes, 10 de julio de 2017

Pensamientos. Madre Teresa de Calcuta





Algunas de mis hermanas trabajan en Australia. En una reserva, entre los aborígenes, había un anciano. Puedo asegurar que no hay una situación tan difícil como la de los ancianos pobres. Nadie prestaba ninguna atención a aquel anciano. Su casa estaba desordenada y sucia.
Le dije: "Por favor, déjeme limpiar su casa, lavar la ropa y hacer la cama". Me respondió: "Estoy bien así. Déjelo".
Le dije de nuevo: "Estará aún mejor si me permite hacerlo".
Finalmente consintió. Limpié la casa y lave la ropa.
Descubrí una hermosa lámpara, cubierta de polvo. Sólo Dios sabe cuántos años habían pasado desde la última vez que la había encendido.
Le dije: "¿No enciende la lámpara? ¿No la usa nunca?".
Me respondió: "No. Nadie viene a verme. No necesito luz. ¿Para quién voy a encenderla?"
Le pregunté: "¿La encendería si las hermanas vinieran todas las noches?".
"Claro que sí", aseguró.
Desde aquel día las hermanas se comprometieron a visitarlo todas las noches. Limpiaban la lámpara y la encendían todas las noches.
Pasaron dos años. Yo había olvidado por completo a aquel hombre. Pero él me hizo llegar este mensaje: "Diga a mi amiga que la luz que encendió en mi vida sigue brillando".
Pienso que aquello fue algo muy pequeño. Con frecuencia descuidamos las cosas pequeñas. (HW, pp, 53-54)

Madre Teresa de Calcuta

No hay comentarios:

Publicar un comentario