martes, 28 de marzo de 2017

Para ir a Dios



Querid@s pequeñ@s escudos,

Os voy a contar algo acerca de Pablo quien bien podría ser un pequeño escudo, es decir, un niño maravilloso. 

Pablo tenía nueve años, había nacido con un problema en las piernas y no podía caminar así que tenía que desplazarse en una silla de ruedas.

Cuando llegó al nuevo colegio sus compañeros, con la sencillez propia de los niños, le ayudaban y le llevaban de un lado a otro del colegio.

En aquel colegio había una hermosa capilla en la que se celebraba misa los jueves para los alumnos de primaria.

Desde su llegada al nuevo colegio Pablo quiso ir  a la capilla a saludar a su amigo Jesús pues le gustaba mucho estar con Él porque le amaba mucho. Mientras algunas personas pensaban entre sí "pobre niño, tan pequeño y postrado en una silla de ruedas..." él era muy feliz. Se sentía especialmente amado por Dios. En su mirada se podía entrever algo muy grande en su interior.

Sus amigos le ayudaban y él se dejaba ayudar porque, aunque él podía manejarse solo con la silla de ruedas, sabía que eso hacía felices a sus amigos.

Aunque sus piernas no podían caminar se podía intuir que Pablo sí podía volar, él volaba hacia el cielo porque Dios lo amaba con ese amor tan grande que le permitía ver en Su Corazón.

Queridos niñ@s, de esta historia debemos aprender que para ir a Dios no hacen falta las piernas pues, aunque es cierto que nuestras piernas nos sirven para ir a Dios cuando le servimos ayudando a los demás, a Dios se va con el corazón.

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