sábado, 18 de marzo de 2017

Oración por un sacerdote


Soy Yo quien te ha elegido.
  
¡Si comprendieras el don de tu vocación...!
Yo te he elegido de en medio de mi pueblo
para proclamar, a tiempo y a destiempo,
una Palabra que te supera y que no te pertenece;
jamás creas que posees la Verdad:
limítate a intentar humildemente
dar testimonio de ella lo menos mal posible.

Conmigo llevarás sobre tus hombros a la oveja perdida,
perdonarás al hijo pródigo,
te sentarás a la mesa de los menospreciados
y lavarás los pies de los pobres;
más allá del cansancio del camino,
más allá de tus miedos y tus dudas,
darás testimonio, como Pedro,
de la victoria de la fe.

No te asuste el sentir los aguijones en tu carne,
porque ellos testimoniarán ante los hombres,
que mi gracia basta y que mi llamada es amor gratuito.
Hombre frágil y de poca fe,
llevarás mi poder de resurrección,
de liberación y de reconciliación en una pobre vasija de barro.

Arraigado en la tierra,
seducido por el designio de amor de mi Padre,
animado por el poder del Espíritu Santo,
soy yo quien te ha elegido para que des fruto,
y un fruto que permanezca.

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