jueves, 29 de diciembre de 2016

¿Cómo hacer de la Navidad una escuela de oración? P. Evaristo Sada, L.C.

¿Cómo hacer de la Navidad una escuela de oración?

Monasterio de los Triunfos. Santísimo Sacramento
Monjas Clarisas Capuchinas
Alicante. España

La Navidad vivida con espíritu contemplativo puede ser una extraordinaria escuela de oración. Tenemos representaciones artísticas por todas partes: abundantes Belenes y postales de navidad con bellísimas figuras de María, José y el Niño Jesús en la cueva de Belén.

En nuestra casa en Roma la comunidad ha preparado un Belén muy hermoso. Ayer, día de Navidad, quise pasar un rato largo junto a Cristo Eucaristía y luego ante las figuras de la Sagrada Familia en el pesebre. Pedí al Espíritu Santo que al contemplar aquellas imágenes me concediera la gracia de conocerlo no según la carne, sino según el Espíritu (cfr. 2 Cor. 5,16) Le supliqué me ayudara a partir de la representación histórica para remontar hasta el misterio de la misericordia del Padre que "Tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" (Jn 3,14).

El Belén

Los sentidos exteriores me mostraban unas figuras: el Niño Jesús, la Virgen María, San José, los ángeles, los pastores... Cada una con sus gestos y actitudes, fruto de la oración del artista. Conmueve un Dios tan humilde, indefenso, desprovisto; suscita amor y ternura. María: engolfada en el misterio, llena de gratitud y alabanza. José, el hombre fiel, elegido para contemplar y custodiar a nuestro Redentor. Los pastores: representando a los pobres y sencillos que con corazón de niño son invitados a adorar al Hijo de Dios y a unirse al coro de los ángeles mientras los escuchan cantar "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra..."

Dios invisible entra en el espacio de lo visible

San Agustín explica que "la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales."

La encarnación es irrupción del Hijo de Dios en el mundo de la carne. Con la encarnación del Verbo, Dios invisible entra en el espacio de lo visible. Dios se deja ver, desvela su misterio. Y al hacer al hombre a su imagen y semejanza, nos da la capacidad para verlo y amarlo.

Las imágenes ayudan porque hacen visible el amor de Dios

La encarnación abre campo al arte cristiano en el mundo de la oración: el artista vuelca su contemplación en su obra y el orante puede volver a Dios a partir de la obra de arte.

Las imágenes ayudan porque hacen visible el amor de Dios. El orante es llevado por el Espíritu Santo a superar la temporalidad y a tratar de penetrar la profundidad del misterio que las figuras representan. El arte no nos ata a la carne sino que nos eleva a las realidades sobrenaturales. Nos conduce más allá de lo que los ojos y la imaginación son capaces de ver. El Espíritu Santo nos enseña un nuevo modo de ver lo invisible a través de lo visible.

El Espíritu Santo es indispensable

Cada representación de la cueva de Belén es escuela de oración porque te invita a permanecer largo rato delante de ella contemplando el amor del Padre desvelado en el misterio de la encarnación del Verbo, por la fuerza del Espíritu: "Quien me ve a mí, ve al Padre" (Jn 14,9) Y a través de la oración a partir de imágenes, el Espíritu Santo va haciendo su obra en nosotros, "nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu." (2 Cor: 3,18)

Esta forma de orar en Navidad puede aplicarse igual en Semana Santa y en cualquier momento que nos detengamos con calma y espíritu contemplativo ante una obra de arte que represente los misterios de la historia de la salvación. Eso sí, hace falta querer orar, darse el tiempo e invocar al Espíritu Santo.

Mis hermanos de comunidad me ayudan con su ejemplo. Acabo de estar un rato con Cristo Eucaristía y encontré allí a varios hermanos arrodillados o sentados delante del sagrario, con calma, celebrando la Navidad con quien más hay que celebrarla.


Monasterio de los Triunfos. Santísimo Sacramento
Monjas Clarisas Capuchinas
Alicante. España

Fuente: www.la-oracion.com P. Evaristo sada, L.C.

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